I want to erase this whole block

Hong Kong, como en casa.

Hong Kong, como en casa.

De Japón, teníamos que pasar por Hong Kong para ir al próximo destino, Tailandia. La verdad es que no tenía muchas ganas porque al igual que Japón es caro y prefería gastar esa plata en otro destino. Mas todavía con lo que me había enamorado Japón, sabía que nada podía superarlo.

Pero como muchas veces, una vez mas, me equivoqué. Alquilamos un Airbnb muy copado, caro para lo que veníamos pagando, pero barato para Hong Kong. Teníamos un mini departamento en un barrio que nos soprendió en todos los sentidos, directamente abajo había unas canchas públicas de basket, football y volley, donde mis amigos de la tercera edad hacían Tai Chi y donde muchos niños y adultos iban a jugar desde temprano hasta la noche. La alegría de esta familia de tener este lugar abajo ni les cuento, además había juegos para niños, pero casi no los usaron porque se pasaron los días jugando al football con unos amigos que se hicieron, jugando al basket entre ellos y haciendo gimnasia con madre y padre.

 Espiando las canchas apenas llegamos.

Espiando las canchas apenas llegamos.

Recién les conté sobre mis amigos de la tercera edad. No sé porqué pero siempre quise aprender Tai Chi, lo veo como un arte, como algo tan simple y difícil a la vez, que necesita de concentración y del chi interior como en Kung Fu Panda. Así que cuando me levanté el primer día y los vi por la ventana, haciendo una clase en las canchas de football, bajé corriendo los varios pisos por escalera que teníamos en el departamente y fui a preguntar si me podía unir, me dijeron que si y que la clase siguiente era justo en la mañana del día que nos íbamos, así que se imaginan mi alegría. Los chicos y Artur me acompañaron a la clase ese lunes y fue lo máximo, muy difícil, pero feliz de haber tenido esa experiencia tan deseada.

 En la panadería de la cuadra, tomando fresco.

En la panadería de la cuadra, tomando fresco.

En fin, lo que mas amamos es caminar por los barrios y el nuestro era tan especial. En la misma cuadra había un café, una panadería, un mini restaurante de película, una casa de te, un lugar de yoga y una tienda de ropa. Pero la joya estaba a dos cuadras, en una callecita escondida, una tienda de antigüedades. Amo las antiguedades, lo vintage, a veces creo que nací en la época equivocada para vestirme. Ahi estaba, el kimono de mis sueños en la vidriera, entré, miré todo y pregunté el precio, no era impagable, pero no estaba en el presupuesto ni cerca. Durante todos los días que pasamos en Hong Kong, volví a la tienda y ya era casi la mejor amiga de la chica que atendía, me probé todo, pero ese kimono era mi preferido. El domingo fui por última vez ya que el lunes cerraba. Le preguntaba a Artur, qué hago? Y él, sabio como es, no me decía nada. En el fondo sabía que no podía gastar esa plata en un kimono, cuándo lo iba a usar? en que momento? en que sitcuación? Logré superar mi ansiedad, mis ganas, mi deseo mas profundo y para su desilusión y la mía, no, no lo compré, en vez compré un anillo que amo y que si lo llevo conmigo todo el tiempo. Ese kimono era para mi y yo para él, tal vez en otra vida nos veremos querido kimono.

 Dave y su familia, lo mas lindo vernos en Hong Kong después de tanto tiempo.

Dave y su familia, lo mas lindo vernos en Hong Kong después de tanto tiempo.

Hong Kong fueron días de paseo por las calles, de tiendas vintage, de juegos en las canchas, de desayunos en la terraza del departamento y también fue sentirnos en casa, de cierta manera nos hacía acordar a Buenos Aires, y sobre todo cuando después de mas de 10 años, visité a mi amigo Dave y su familia en su casa en Hong Kong. Fue lo mas vernos despues de tanto tiempo, cada uno con familia. Nos conocimos en Vail haciendo la temporada de invierno y nos hicimos increíbles amigos. Dave vino de visita a Argentina y yo fui de visita a Australia, pero encontrarnos en Hong Kong, eso si que no nos lo esperábamos.

 El amigo de pantalón negro, jugó al football con ellos todas las mañanas. Se juntaban entre amigos a jugar, pero él, cuando los conoció a los chicos, lo único que hacía era jugar con ellos.

El amigo de pantalón negro, jugó al football con ellos todas las mañanas. Se juntaban entre amigos a jugar, pero él, cuando los conoció a los chicos, lo único que hacía era jugar con ellos.

Hong Kong me sorprendió, que también es una ciudad en la que viviría. La pasamos súper y la gente fue tan cálida como lo necesitábamos.

P.D.: el kimono finalmente me encontró a mi, en Nueva Zelanda, en otra tienda vintage. Por supuesto no era el mismo, pero fue amor a primera vista y esta vez, el precio estaba dentro de mis posibilidades. Muchas veces pensamos que no va a haber otra oportunidad, y no solamente hay otra oportunidad, sino, que muchas veces, es mejor que la primera.

Como locales.

Como locales.

Ay Japón!

Ay Japón!