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Vietnam, amor y desamor.

Vietnam, amor y desamor.

Llegar a Vietnam es un capítulo aparte.  Viajamos todo el día, llegamos a Ho Chi Min a las 11PM a la casa de Ludov, una chica rusa que nos hospedaba con Couchsurfing. Y literalmente era couchsurfing, un sillón y un colchón en el piso, no era en el piso el problema, sino que no entrábamos, y miren que entramos en cualquier lado, pero acá no entrábamos.

Esa noche dijimos, que hacemos acá, cómo nos fuimos de Bali, estábamos tan felices y confortables. Pero de nuevo, la palabra confortables, estamos en este viaje para experimentar y como leí por ahí, los viajes te desacomodan, hay que entender el lugar, la gente, la comida, el idioma, la cultura, las calles, todoooo es nuevo.

Al otro día nos fuimos a un Airbnb donde todo volvió a ser un momento Magoo. Recorrimos la ciudad, con calor y con el shock de llegar de una isla a la gran ciudad. Hay momentos en los que nos preguntamos, estamos haciendo las cosas bien, esto es lo que queremos? Y la respuesta no llega directamente, pero si indirectamente a través de la gente que nos sonríe en la calle, a través de la mirada de los chicos descubriendo un nuevo lugar y relacionándose con la gente. No siempre todo es perfecto, pero si siempre todo se puede disfrutar mirando con otros ojos.

 Un bizarro y muy divertido paseo en cisne a pedal.

Un bizarro y muy divertido paseo en cisne a pedal.

Ni un poco nos gustó Ho Chi Min, así que nos fuimos a Da Lat, donde llegamos a las 5am, de nuevo, no recomendable. Porque el bus nos dejó en el medio de la ciudad y solamente había taxis-moto, donde claramente no entrábamos. por suerte el último taxi-auto nos rescató y nos llevó al único hotel abierto a esa hora. Da Lat nos encantó, hacía frío y tenía su magia. Fuimos a un parque de lo mas bizarro que hayamos visto, con corazones por todos lados, paseo en cisne a pedal y un trencito que nos llevaba a recorrerlo. Además de una montaña rusa, también única. Cada uno manejaba su carrito y te llevaba por flores y cataratas. La comida en Da Lat fue increíble, encontramos un pequeño restaurante a donde fuimos todas las noches.

 Callecitas de Hoi An.

Callecitas de Hoi An.

Próximo destino, Hoi An. Partimos en bus nocturno, el colectivo mas bizarro que vi, y ni les cuento el señor de china que roncó absolutamente toda la noche sin dejarme dormir y su amigo de al lado ni siquiera lo movía. Si Artur se poné a roncar, claro que lo muevo para que no despierte a todo el colectivo. En fin, aprendí también que no todos piensan como yo, gran lección, no?

 Vista desde una de las terrazas.

Vista desde una de las terrazas.

Ay si, acá si que la pasamos super, bicicleta, callecitas de cuento, paseo de noche en bote pidiendo deseos, rica comida, acá si estábamos en nuestro lugar. Pero cuando aparecieron esos pasajes a Japón por $50 dólares, dejamos el resto de Vietnam para otra vez, nos faltó el norte que dicen es maravilloso, si, pero les cuento algo, no nos sentíamos en nuestro lugar, así que como aprendimos, si un lugar no nos vibra, a otro lado. Y Japón nos esperaba.

Japón y los baños.

Japón y los baños.

Como locales.

Como locales.