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Nueva Zelanda, ese lugar especial.

Nueva Zelanda, ese lugar especial.

Desde Bali que veníamos pensando en Nueva Zelanda, además de que nos habían dicho lo increíble que era, la principal razón era que mi íntima amiga Mechi y su familia viven ahí hace mucho tiempo ya y Mechi nos había invitado a quedarnos todo el tiempo que quisiéramos. Mechi y Brendan tienen dos varones, Lucca y Marco, de la misma edad que Beni y Blas, por lo que iba a ser divertido. Seguíamos dando vueltas porque era lejos y caro llegar, y cuanto Mechi mas me decía que teníamos que ir, mas ganas nos daban.

 Ela, Lucca, Marco, Pablo, Beni y Blas

Ela, Lucca, Marco, Pablo, Beni y Blas

Mechi y su familia se iban a pasar las fiestas y las vacaciones a Argentina, así que íbamos a estar solos un tiempo y otro tiempo con ellos. Finalmente nos decidimos y dijimos que si, porque tener la oportunidad de visitar a Mechi y de poder vivir el lugar desde su casa y con ellos, nos pareció una oportunidad única. Entonces claro, si uno dice Nueva Zelanda, también dice Australia. Estábamos en Tailandia y la idea era ir a Australia después de Nueva Zelanda, también tenemos amigos en Australia y estábamos listos para visitar a Dan, otro gran amigo, y quedarnos con él. Pero con lo que salía la visa para los argentinos, y siendo cuatro, Australia no pudo ser en este viaje.

Pero para bien o para mal, fue perfecto, porque lo pasamos increíble en Nueva Zelanda. No esperen encontrarse con miles de lugares recorridos, porque hicimos exactamente lo contrario. Era la primera vez en mucho tiempo que estábamos con amigos, en una casa de familia y donde podíamos concretar cosas que en movimiento no estábamos pudiendo lograr.

 Marianne, Euge y Sofi, hace tanto que no las veía!

Marianne, Euge y Sofi, hace tanto que no las veía!

Llegamos a lo de Euge, otra súper amiga, que nos alojó en Auckland. Después tomamos un bus nocturno hasta Wellington, el cual fue largo y el chofer no paraba de anunciar cada parada, casi sin dormir, finalmente llegamos a Wellington. A esto hay que agregarle que veníamos de un viaje eterno desde Tailandia, con una espera de 12 horas en el aeropuerto, o sea que mas cansados que nunca, con un jet lag que no podíamos superar, empezaron nuestros días de casa, amigos y una paz interior diferente. Los chicos no pararon de jugar juntos y nosotros felices de hablar con alguien mas que no seamos nosotros dos. Nos sentimos como en casa enseguida y empezamos a hacer cosas que no veníamos haciendo al movernos tanto. Yo empecé una limpieza del cuerpo de tres semanas, Artur empezó a hacer mas ejercicio, los chicos jugaban, íbamos a correr, a andar en bici, a la playa. Salir a caminar por ese barrio, meditar en la playa, ir a los juegos con los chicos, esas cosas que en seguida se convirtieron en una vida que hace tiempo no teníamos, nos hizo muy bien a todos.

Yo empecé a escribir, Artur empezó con el golf online, nos sentíamos diferentes, porque era un momento del viaje diferente. Como siempre digo, estas no son vacaciones ni es un viaje largo, hoy, es nuestro estilo de vida, y la rutina es lo que menos nos gusta, por eso cualquiera sea esa rutina, al tiempo, necesitamos cambiarla. Y acá aprendí algo muy importante. La rutina la hacemos solamente nosotros, nadie mas que nosotros. Todas las mañanas me levantaba y hacía ejercicio con una app que me encanta. Pero en un momento me aburrí porque era todos los días algo diferente, pero lo mismo. Entonces un día estaba lista para apretar el botón para empezar el ejercicio y sentí algo adentro que me dijo: si vos misma te propusiste hacer este ejercicio, y vos misma estas acá lista para hacerlo, pero hoy no sentís ganas de hacerlo, porque lo vas a hacer? Entonces me pare, y me fui a hacer yoga a la playa. Wow, no saben lo que significó eso para mi, porque cuantas veces en mi vida me puse adelante un plan, y cuantas veces en mi vida lo seguí al pie de la letra, y esta era una de las veces en mi vida en la que entendí que solo yo soy la que tiene que escuchar lo que tengo para decirme, lo que mi cuerpo siente, cómo me levanté ese día, cada día es diferente, por lo cual cada día tengo que volver a escucharme.

 Juntando lavandas. Beni fue el fotógrafo.

Juntando lavandas. Beni fue el fotógrafo.

Nueva Zelanda es un país en el que viviríamos, en el que es muy fácil criar a los niños porque está preparado para ellos, para su libertad, hay playas divinas, parques para niños súper interesantes, es un lugar donde agarras el auto y salís a recorrer y el paisaje te atrapa. Donde cada day trip se convertía en una aventura. Costaba sacar a los chicos de la casa porque estaban felices ahí, pero cuando llegábamos al programa del día, quedaban alucinados.

Es un país muy caro para nosotros, por suerte estábamos en lo de Mechi y podíamos cocinar y preparar picnics. Acá aprendí el arte del picnic y del tupper, estar siempre lista, porque si los niños me decían: tengo hambre. Lo cual era muy seguido, siempre estaba lista para no tener que andar comprando algo al pasar.

 Encontramos esta carpa de palos en la playa. Salieron corriendo a jugar a los indios y ninjas.

Encontramos esta carpa de palos en la playa. Salieron corriendo a jugar a los indios y ninjas.

Pero cómo no recorrieron mas, cómo estando ahí tan cerca no fueron a Australia, no fueron al sur, no visitaron mas lugares? No, porque estábamos felices y necesitábamos estar así en ese momento. Y es exactamente lo que aprendí, que no importa el plan, lo imaginado, lo que nos dijeron que teníamos que hacer, lo que nos dijimos que teníamos  que hacer, no importa si estábamos cerca de otro lugar para ir, porque lo que si importa es que lo que hagamos, lo hagamos porque lo elegimos hacer, porque nos escuchamos y lo sentimos, porque nos hace sentir en paz y felices.

No tengo palabras para expresar el cambio que generó en nosotros esta experiencia, en muchos sentidos nos hizo crecer. Gracias Mechi, Brendan, Lucca y Marco.

Cochecito o no cochecito?

Cochecito o no cochecito?

Familia en Sudáfrica.

Familia en Sudáfrica.