I want to erase this whole block

Volver.

Volver.

Y entonces, casi como si el tiempo no hubiese pasado, pasó mas de un año de viaje. Pero al mismo tiempo cada segundo de ese viaje para nosotros fue tanto y pasó exactamente al tiempo que tenía que pasar. Ya sentía ganas de darle un super abrazo de oso a Magoo (mi madre), sobre todo quería que se abracen con los chicos, ella quería sentirlos y yo a ella.

Todo muy lindo en pensamientos y palabras, pero no todo se sentía así. Llegar a Argentina significaba muchas cosas, sentíamos ganas de hacer base un rato, de que nos mimen y ver a toda esa gente que forma parte de nuestras vidas de una u otra manera. Pero el día que llegó el momento de sacar el pasaje, estábamos en Bratislava, Artur encontró el pasaje más económico y me preguntó: estás lista, lo saco? Claro, le dije. Pero de lista no estaba nada, esa misma noche salí con Janka, mi amiga y literalmente vomité en el baño del restaurante. Pensé, algo me debe haber caído mal. Pero a la otra mañana pensé más y caí en la cuenta de que lo que me había caído mal era saber que teníamos una fecha de regreso a Argentina.

 Llegamos y llovía.

Llegamos y llovía.

Por dentro sabía que no era un regreso del todo, pero mas adentro, no estaba para nada segura. Sentía que de cierta manera era el final del viaje, al menos de esta parte del viaje, y ostia tío que fuerte! Irme había sido tan difícil y sentía que volver iba a ser también tan difícil. Tenía miedo de cómo me iba a sentir volviendo a mi país, volviendo a ver a toda esa gente a la que extrañé, a la que hace mas de un año no veía. Cómo me iba a sentir después de haber cambiado tantas cosas?  Sabía que los cuatro solos ya no íbamos a estar, porque apenas pisáramos Buenos Aires, las bienvenidas iban a hacer que lo que formamos por mas de un año, de alguna manera sea diferente.

Y entonces llegó el día, disfruté cada día de este viaje como único y eso no cambió ni siquiera el día del viaje de vuelta. Llegamos y Magoo y Manchu (mi cuñada), nos esperaban en Ezeiza. El beso y abrazo que nos dimos fue mágico. Los chicos abrazaron a su abuela y ella a los chicos, era el momento mas esperado. Sentir que el tiempo no pasó, pero que al mismo tiempo, pasó tanto tiempo y tantas cosas. Empezar a contarnos cómo estábamos, cómo nos sentíamos, tanto por escuchar, tanto por contar. Pero nuestras dos miradas de madre e hija, dijeron mas de lo que podíamos decir en ese momento con palabras.

 Con el abuelo Archi.

Con el abuelo Archi.

Bienvenidas mágicas, sentirnos raros, con ganas de salir corriendo y al mismo tiempo con ganas de disfrutar cada uno de esos encuentros, que todavía siguen. Y todos son tan diferentes entre si. Por ejemplo hoy abracé tan fuerte a Silvia, la señora a la que le vendí toda mi ropa antes de irme. Hoy le llevé más ropa que no uso y nos quedamos charlando tan profundo, me dio un abrazo tan lindo, y nos vimos pocas veces en nuestra vida, pero esas cosas mágicas, son así, mágicas. Siento adentro un remolino indescriptible, que todo pasa por mis ojos y mi corazón y que no lo puedo controlar. Tengo calma y paz adentro, al mismo tiempo tengo fuego y un río que me lleva con la corriente sin poder parar.

 Esto es todo. Fran, Palo, Almi y Kali son mis hijos del alma. Acá con Palo, cosechando menta para la limonada.

Esto es todo. Fran, Palo, Almi y Kali son mis hijos del alma. Acá con Palo, cosechando menta para la limonada.

Me quiero ir y al mismo tiempo me quiero quedar, necesito a Los Magoo, estar solos de vuelta y al mismo tiempo amo estar rodeada de tanto amor en Buenos Aires. Se viene un tiempo de base acá y poder escuchar a nuestro corazón, qué nos dice desde lo más profundo. No me animo a decir nada, porque de verdad no sé nada. Pero si se que Los Magoo estamos en otro momento de cambio, para seguir con esta aventura que nos cambió la vida de una y mil formas. Es necesario este tiempo para ver muchas cosas y sentir otras. Como dice la frase que amo: Estamos precisamente, donde debemos estar. Viviendo Argentina como parte de nuestro viaje.

 

 

 

La gente, esa que te hace sentir.

La gente, esa que te hace sentir.