Hace tiempo. Uruguay.

Hace tiempo que no escribo por acá. Los que nos siguen, saben que escribo mucho por Instagram. Pero hoy me senté a ordenar la web y me pasé un largo rato leyendo todo lo que ya había escrito, mirando fotos, sonriendo al mismo tiempo que me caían lágrimas de maravilla, miedo, pánico, orgullo, grandeza, sin rumbo, con rumbo, en fin, varios sentimientos como verán. Vengo hace días pensando mucho, aunque como se que no tengo que pensar tanto, vengo hace días sintiendo mucho. Asi que como necesitaba aclarar algunas cosas, acá estoy escribiendo.

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Luego de nuestra llegada a Buenos Aires, nos vinimos a Punta del Este, ese lugar al que habíamos venido muchas veces de vacaciones y el que siempre nos llamaba de alguna manera. Estábamos quedándonos en lo de mi suegra en Argentina y necesitábamos nuestro espacio, pero como aún no teníamos nada decidido, entonces nos vinimos a Punta del Este.

Nuestro tiempo acá va ya de 5 meses. Pasamos un invierno muy frío, de ese que cala los huesos, viviendo en un pueblo muy solitario donde al mismo tiempo había tanta gente mágica que nos hizo sentir como en casa desde el minuto uno. Los chicos fueron a la escuela, una lindísima, de esas que nos gustan. Hicimos amigos, creamos nuevas cosas, pero por sobre todo, descansamos de tanto movimiento y dejamos decantar tanto cambio y sentimientos.

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Amamos este lugar, sacó cosas increíbles de cada uno. Juramos irnos en el invierno próximo, pero ahora que es verano, ya nos olvidamos de esos días húmedos, durmiendo con gorro de lana, bolsa de agua caliente y campera adentro de la cama, y estamos disfrutando de la playa, el surf, amigos y familia. Es raro de explicar este lugar, nos sentimos muy conectados con la gente que está acá, creo porque de alguna manera todos estamos en la misma búsqueda, de tranquilidad, de paz, de seguridad, de encontrarnos.

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Beni fue a la escuela tan felíz, Blas pidió una tabla de surf para su cumple y no se bajó más, se hicieron amigos mágicos, de esos para siempre. Vimos ballenas. Tuvieron su cumple en la playa con casi 90 personas, Magoo vino de visita varias veces, disfrutamso a los abuelos, tías y amigos, demasiado. Arawi, que es un alma mágica, fue mi profe de yoga, amiga y guía en este tiempo y la tenñia literalmente frente a casa. Empezamos nuevos proyectos que nos llenaron y que nos hicieron ver que podemos. En fin, amamos este lugar y ahora la pregunta es, qué sigue? Pues nosé, estoy buscando esa respuesta adentro mío yo también, porque somos felices en demasiados lugares y de demasiadas formas, por lo que veremos que nos depara nuestro próximo paso. Mientras tanto, por favor, quédense a nuestro lado.

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camila lavori